lunes, 27 de febrero de 2017

CÓMO CREAR UN UNIVERSO DE FICCIÓN SIN MORIR EN EL INTENTO (Parte 1)

Me ha quedado chulo el título de esta entrada, ¿verdad? Chulo y pretencioso. Antes de continuar, quiero aclarar que crear o gestar un universo de ficción es fácil y cualquiera lo puede hacer; aunque claro que requiere de sus ciertas circunstancias. Pongamos una comparativa. Digamos que propiciar el nacimiento de un universo es como propiciar el nacimiento de un bebé. Visto así, de la misma forma en que cualquiera que tenga genitales funcionales es capaz de, en menos de cinco minutos, concebir o engendrar un bebé, así cualquiera que tenga ideas funcionales es capaz de, en menos de cinco minutos, concebir o engendrar un universo de ficción. La procreación humana, tan bella y maravillosa, no deja de ser una cosa común. Lo mismo que los universos de ficción, es algo que los humanos hemos creado desde siempre. Y sin embargo, concebir o engendrar un hijo no te vuelve el mejor padre, así como el ser gestado no vuelve a ese bebé la mejor persona. Lo que en nuestra analogía quiere decir que, crear un universo no te vuelve el mejor escritor, ni garantiza que ese universo sea el más completo, verosímil y funcional.

Tómame pues como ese consejero matrimonial que te dice como dirigir tu matrimonio, pero cuyo matrimonio es un fracaso. O ese experto pedagogo que te habla de la crianza de tus hijos pero sin ser un padre, o peor aún, siendo un padre pésimo. Pues me consta que compras sus libros y escuchas sus consejos sin falta, ¿a qué si? Pues de tanto en tanto de pronto encuentras cosas interesantes y muy válidas.

Habiendo establecido lo anterior  ahora si podemos entrar en materia. Claro que esta entrada no abarcará todos los aspectos, pues se trata de una introducción. Pero sí veremos una panorámica general de lo que abarca esta materia.

Continuando con nuestra analogía, sabemos que no basta con una única idea para gestar ese universo regordete y de mejillas sonrosadas. Claro, puedes juguetear con esa idea todo lo que quieras, e incluso conseguir un poco de placer morboso, impúdico y poco decoroso.  Venga, algo que no expondrías al público sin sentir algo de vergüenza. Así que, a menos que seas partidario de la partenogénesis, una sola idea es incapaz de concebir a un universo por sí sola, o cuando mucho, concebirá a uno un tanto deficiente. Así pues, dejemos de hablar de la masturbación mental y pasemos directo a la acción, la concepción de un universo como fruto de dos ideas distintas.

Ya me dirás. ¿Pero si dos ideas conciben un universo, el incorporar nuevas ideas después no será como una especie de orgía mental descontrolada? Pues tal vez si y tal vez no. En realidad las ideas son ideas y no otra cosa, y en nuestra comparativa solo ocupamos dos para empezar. Y es que en realidad, como ya lo he dicho antes, esto es algo muy sencillo. De pronto se te ocurre una idea y esa idea madura hasta que tiene edad de merecer; entonces coquetea con otras ideas y para cuando menos acuerdas, bum, ya has gestado un universo. Cosa sencilla y que pasa de noche para los escritores más experimentados, pero que no deja de ser algo complicado y un poco tabú para los escritores primerizos. –¿Es tu primera vez? Descuida, tú flojito y cooperando.

Mira que, insistiendo otra vez en lo mismo, esto se da de manera natural. Una idea se junta con otra y ya tienes un universo en gestación. Pongamos un ejemplo.

Caminando por la calle de pronto me topo con un grupito de maleantes. Esos mocosos que aún no saben limpiarse el trasero y ya se sienten con el suficiente relleno en los calzoncillos para generar destrozos y molestar a los ciudadanos honrados. Estando todos juntos (porque por separado son unos miedicas), se envalentonan y roban las tapas de los rines de algunos coches aparcados frente a un negocio de comida rápida.

Cosa curiosa. Es horario escolar y estos andan de vagos, no parecen necesitados de dinero, y se comunican a base de ruidos, gemidos, graznidos y señas, como todo un grupito de neandertales; y encima todos con uniforme escolar. Con un poco de suerte mueran pronto de cáncer de pulmón por todos esos cigarrillos que fuman cual locomotoras, o por cualquier otro motivo similar.

Los veo y pienso, –Vaya, vaya. ¿Qué descompuesta está esta generación? –He aquí que tengo una premisa. Luego de recuperarme del hecho de que, semejante comentario, me hace sentir como un anciano, me descubro con una premisa para manosear. Pasados los días, viendo televisión, me topo con un infomercial hablando de un plaguicida súper genial, capaz de matar a cualquier bicho y que además es amigable con las plantas y con los humanos. Lo veo y digo, –Qué Guay. La botarga del Baygon se ve bien mona bailando. –Y he aquí que tengo una segunda premisa. Ahora sí, sentado en la comodidad de mi sofá, me topo con que tengo una idea. De pronto me digo, —¿Y si esos diablillos son considerados una plaga y se les diezma igual que a las cucarachas? —Una idea un tanto controvertida, pero idea al fin. La idea de que existan personas tan indeseables que se las consideren plagas. Claro la idea por sí sola no sustenta un universo. Pero ya tenemos la mitad del material genético, lo que es mucho.

Pasan los días y sonseando por internet me topo con uno de esos vídeos de YouTube paranoico-conspiratorio-seudointelectual-revolucionario-supercool donde se menciona, entre otras cosas, que lo malcriado de esta generación augura un futuro nefasto. He aquí que me topo con una nueva idea. La idea de que si las cosas siguen como están el futuro estará chungo.

De inmediato el hámster se despierta de su sopor, se sube a su ruedita y comienza a correr. En el primer minuto el cerebro intenta encontrar una relación entre ambas ideas. Al cabo de dos minutos, con el hámster corriendo a Mach 10, digo, —¿Y si existiera un grupo de asesinos dedicado a erradicar a las personas indeseables, sin importar que sean niños? —Ahora tengo un concepto, y sin querer he concebido un universo.

Como dije, está es solo la introducción. En la siguiente entrada ahondaremos más en los sucios detalles.

Atte. Ele Serfstone.